
De como, al casi intimar con Hedonismo, encontré la muerte.
- Toma mi mano, ámame. No temas más, estoy aquí. Para ti, sólo para ti. -Repetía a mi oído Hedonismo. Tendiéndome en su lecho con sábanas perfumadas y cubiertas de rosas.
Yo decía nada, temía y después de un rato huí de ahí.
Razón me notaba pálida. Yo enfermaba, contagiada por Duda, a quien encontré de vuelta a casa y me había estornudado en la cara.
Enfermé, enfermé, enfermé. Y deseaba estar con Hedonismo, pero Razón me mantenía atada a la cama. Así pasaron muchos días, muchas tardes y muchas noches.
Hedonismo tampoco me buscó, sedujo a miles más.
Yo morí, tendida y atada a una cama por Razón, enferma por culpa de Duda, traicionada por él; Hedonismo.
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